martes, 3 de julio de 2012

Lorena


Alta, morena y con cabello rizado, por su apariencia física la teniente Lorena no parecía guatemalteca. Su cara redonda, ojos grandes, nariz pequeña y labios delgados.. Su voz, fina, casi chillona y un acento que delataba su origen.

A pesar de la suavidad en su hablar, Lorena tenía un carácter fuerte. Fue jefa del aparato de comunicaciones hasta 1987, con méritos propios; haber sido compañera del comandante Juan le había sido útil para entender el conflicto, las contradicciones de clase, la necesidad de un cambio y el momento histórico en que se encontraba.

Salió de la capital guatemalteca a principios de los años ochenta, cuando las condiciones eran críticas.  El enemigo había desarrollado su sistema de inteligencia y cada vez era más alto el riego de un golpe estratégico a la comandancia.

Juan se encargaría de fundar el “Frente Tecún Umán”, en el altiplano central, en Chimaltenango.  Tendría a su cargo una veintena de valerosos combatientes, con dos o tres oficiales subalternos. Heroica y estratégica tarea; en el año 83 debían salir a luz.

Para entonces Lorena ya estaba en Nicaragua; por sus características físicas muchas veces fue confundida como hermana de la Capitana María; es más, algunas veces se hicieron pasar como tales. Su relación fue tan estrecha que ellas mismas llegaron a creerlo, a sentirlo.

Lorena se ganó el respeto del comandante en jefe, no sólo por su relación con María, sino por su carácter y disciplina.  Nunca se quejó ni renegó por alguna tarea peligrosa o por alejarse largos meses de sus hijas. Estudiosa del marxismo leninismo y amante de la revolución cubana, se convirtió en incondicional y confidente de la comandancia.  Veían en ella a una revolucionaria que podía caer y sufrir las peores torturas, pero jamás los delataría.

Un par de años después de la fundación del frente “Tecún Umán”, Juan renunció a las FAR.  Lorena no hizo evidente el sufrimiento.  Al contrario, para ella “renunciar” era igual a desertar, acobardarse, abandonar la causa en la búsqueda de beneficios personales.  Era traicionar a su gente.

Como jefa de comunicaciones tuvo aportes importantes, pero eran los años del boom de la tecnología y nos estábamos quedando rezagados.

En el 86 llegó a Petén, donde participó en la conformación del Estado Mayor y la Fuerza Principal. Hubo una reunión de radistas, en la que tomó decisiones duras y radicales, pero justas, tomando en cuenta el momento en el que nos encontrábamos y las metas que indiscutiblemente había que alcanzar.

El proceso de negociación requería que la Comandancia General de la URNG estuviera más tiempo en México.  Fue necesario que también parte del equipo estratégico se instalara en ese hermano país.

En cuanto a las comunicaciones había que tomar medidas, cambiar métodos, estilos de transmisión.  Un análisis poco profundo y rápido hizo que a partir de ese momento los contactos radiales se hicieran fuera de las casas. Era de suponer que los aparatos de seguridad y el ejército mexicanos ubicaran en muy poco tiempo los lugares de donde se emitía una señal hertziana.

Se decidió que todos los días salieran en un vehículo un radista y un piloto. Debían internarse en un parque boscoso de las afueras del distrito y en el supuesto silencio y aislamiento del lugar, colocar la antena, el radio y la batería, enviar y transmitir mensajes en menos de 20 minutos y luego retirarse.

La mayoría de veces se logró, pero era común que aparecieran vecinos del área o policías municipales, encargados de resguardar la zona.  En fines de semana se podía tender un mantel, sacar alimentos y algunas bebidas y sugerir un picnic, pero no era igual en días de semana, en lugares más bien escondidos, montosos, a los que la gente “normal” no iba a descansar.

A la compañera Susana la encontraron un día.  El piloto logró avisarle a tiempo.  Cuando los policías se acercaron la vieron de cuclillas, con el pantalón abajo de las rodillas y un rollo de papel en la mano; aún escucharon el sonido de su orinada y con respeto se voltearon y abordaron al compañero.  – qué hacen aquí, es peligroso.  El compañero abrió sus manos, hizo una seña con la frente y les dijo:  - Está embarazada y orina muy seguido. No encontramos un lugar adecuado en esta ruta.  Los agentes entendieron sus razones, nuevamente les advirtieron que tuvieran cuidado y se marcharon.

Me tocó comunicar un par de meses de esa forma.  El riesgo era muy alto y había que ir a lugares distintos cada vez.  Con miedo lanzaba la antena, la extendía y cumplía la tarea. 

Como era una responsabilidad compartida, algunas veces le tocaba a la misma teniente Lorena. Enfrentaba los riesgos como todos.

Una de esas tardes fue descubierta en el momento mismo en que transmitía.  El acompañante descuidó la seguridad, no se percató que los policías se acercaron por un lugar diferente al que vigilaba.  Los subieron a la patrulla;  Lorena sabía que la última posibilidad para salir del problema era sobornarlos, pero ofreció una cantidad exorbitante, con lo que únicamente los hizo creer que se trataba de alguien importante. No aceptaron.  Les dijo que se quedaran con el equipo y el carro.  Pero fue peor.

Estuvo detenida uno o dos meses hasta que fue deportada a un país neutral.  No entregó nada de lo que conocía.

A partir de ahí se pensó en modificar el sistema de comunicaciones y hubo logros y aportes importantes.

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